jueves, 1 de diciembre de 2011

No Se Trata De Eso


Nota para el lector: No se trata de que te tomes el tiempo para leer cada frase, sino de que le des tiempo a cada frase para que te lea.

No se trata de poder hablar, sino de tener algo que decir
No se trata de la locura de Don Quijote, sino de que creyó en si mismo
No se trata de saber el camino correcto, sino de tener las agallas para andarlo
No se trata de tener muchos amigos, pero sí de que muchos te consideren su amigo
No se trata de memorizar un poema, se trata de que tu voz le ponga alas
No se trata de ser el dueño de una extensión de tierra, se trata de sembrarla
No se trata de que el cielo amanezca despejado para alegrar tu día, sino de que al amanecer tu alegría despeje el cielo

No se trata de que el corazón siga latiendo, sino de por quién lo hace
No se trata de tener el mejor trabajo del mundo, pero sí de cómo hacer mejor el mundo con tu trabajo
No se trata de ser dueño del balón, se trata de tener un equipo con quien compartirlo
No se trata de usar las palabras precisas, sino de tener tu propia voz
No se trata de tener la llave de la puerta principal, sino de cuanto anhela que entres quien vive dentro
No se trata de cuántos trabajan para ti, sino de cuántos quieren hacerlo
No se trata de hacer música, sino de que te brote del alma
No se trata de que muchos sepan tu nombre, sino del nombre de cuantos te sabes
No se trata de cuántos libros has leído, sino de cuanto has aprendido

No se trata de seguir enamorados para amarnos, sino de amarnos para seguir enamorados
No se trata de respetar tu silencio, pero sí de hacerme cómplice de tu mirada
No se trata de leerte alguna historia en esta noche, sino de disfrutar como te vas quedando dormida
No se trata de que duermas a mi lado, sino de que soñemos juntos
No se trata de que despiertes a mi lado, sino de que durante el día me sigas sintiendo tuyo
No se trata de romper la rutina, sino de saber andarla y desandarla juntos
No se trata de que lleguemos a la meta, sino de que en el camino nuestras manos se sigan encontrando

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domingo, 16 de octubre de 2011

Síndrome de la Ropa Húmeda

A todos nos está pasando la factura este temporal sin tregua. Para los más desafortunados será desborde de ríos, derrumbes, y cabezas de agua. Para otros será alergia al frío y la humedad, gripe, o depresión por el dilatado gris del ambiente. Otro se llevará el colerón por el carro que pasó rápido por el charco frente a la parada. Los menos se lamentarán por el partido suspendido, o por el cierre de la carretera a la playa.

Ustedes estarán de acuerdo en que si Darwin tenía razón ya deberíamos estar viendo algunos individuos que empiezan a desarrollar un tipo básico de branquias, posiblemente en el espacio blando abajito de las orejas, detrás de la mandíbula. Lo cierto es que, a favor o en contra de la teoría evolucionista, muchos estamos sufriendo el “Síndrome de la Ropa Húmeda”, ¡y es que no hay forma de que la ropa se seque con este clima! Ya más de uno debe de andar por allí con el boxer repetido, previendo que los repuestos que le quedan en el closet no le dan para otra semana líquida.

El Síndrome se caracteriza por algunos comportamientos no excluyentes:

■Un incremento insano en la frecuencia de salidas al patio de tendido para tocar la ropa, a ver si se siente un poquito más seca que hace 5 minutos.
■Invertir tiempo desmedido frente al espejo, probándose combinaciones de piezas y colores que nunca se habían intentado antes, con toda la ropa que le queda en el closet.
■Llevar un inventario detallado en Excel de cada prenda limpia que hay en el closet, incluyendo una columna que indica el número de puestas desde la última lavada.
■Recortes en rubros superfluos del presupuesto familiar para salir soplados al Mall a comprar una mudadita extra de urgencia.
■Llamadas telefónicas diarias a la familia extendida y amigos para “viniar” si lograron secar la ropa.

Yo, en particular, he tenido que pensar en algunas soluciones para ver si se me seca la ropa, y así evitar que la próxima semana tenga que llegar al trabajo solo envuelto en una cobija. Se las comparto aquí por si les son de alguna utilidad:

1.Provoque lástima en Facebook: Parece ser bastante efectivo si usted pone un comentario en Facebook diciendo que su ropa no se seca. No le faltarán almas caritativas que le ofrezcan espacio en su secadora. Los problemas empiezan cuando el espacio que le ofrecen es compartido, pues podría terminar con menos prendas. Recuerde que la secadora consume mucha electricidad, así que no está mal ofrecer algún dinero, de hecho ya se escucha en las calles el término “minutos secadora” como moneda de canje. El éxito de esta opción está casi asegurado si su mamá tiene secadora y además tiene Facebook (¡a mi me funcionó!)
2.El microondas: Asegúrese de limpiarlo bien de cualquier residuo de comida antes de usarlo con su ropa. Tenga claro que no sirve para las prendas que tengan broches metálicos, como los jeans. Aunque no le logrado determinar cuántos minutos se requieren para cada tipo de prenda, es una opción divertida, más que todo porque la ropa se expande durante el proceso de secado (como una bolsa de palomitas), y si el microondas tiene esa característica, va dando vueltas en el plato giratorio. No es recomendable meter muchas piezas a la vez.
3.El horno de la cocina: Es un secado un poco más natural que el microondas. Asegúrese de que la ropa no toque la resistencia. Es recomendable el precalentado del horno antes de meter la ropa. Es bueno poner una capa de papel aluminio sobre la rejilla metálica, para que esta no le quede marcada en las prendas. Una vez que considere que la ropa está seca no debe apagar el horno para que siga con la 2nda tanda. Deje la luz del horno encendida para estar revisando que la ropa no alce llama.
4.La tapa del carro: Esta opción es válida solo si usted tiene cochera bajo techo. El procedimiento es simple. Con un trapo limpie y seque la tapa del motor. Encienda su carro y espere a que la tapa del motor se caliente. Luego, extienda su ropa sobre la tapa cuidadosamente para no rayar la pintura con los botones o los zipper. Asegúrese de que el lugar es ventilado, de otra manera su ropa quedará oliendo a “Bus Sin Riteve”. Esté listo con una “pichinga” de combustible extra por si el proceso tarda mucho. Cada 10 minutos dele vuelta a la ropa para un secado más homogéneo.
5.Paseo en carro: Debe estar pendiente de esos pequeños momentos donde no está ni siquiera garuando. Prense una o dos piezas de ropa en cada ventana, de modo que la prenda quede por fuera, como cubriendo el vidrio. Maneje a velocidad de moderada a alta, dando vueltas a la manzana, de manera que el aire seque la ropa. No se vaya muy largo, pues en cualquier momento vuelve a llover. Se recomiendan 20 vueltas a la manzana por cada tanda de ropa. En caso de que su carro sea de color negro, normalmente se calienta mucho por dentro; en cuyo caso puede aprovechar ese calorcito y poner bolsas plásticas en los asientos y en la cajuela, y sobre ellas extender más ropa.
6.Uso de la secadora de pelo: No recomiendo mucho esta opción, excepto para piezas pequeñas como ropa interior, pañuelos, y medias poco gruesas. El proceso tarda bastante y en mi caso en una hora quemé la secadora (de todos modos nunca la usaba).
7.El calor de las cobijas: Este método sirve solo para darle el último empujoncito a la ropa que está ya casi seca. Consiste en levantarse soplado en la mañana y meter la ropa en cuestión entre las cobijas, de modo que aproveche el calorcito que su cuerpo dejó en la cama. Se recomienda sacar la ropa luego de 10 minutos, que es el tiempo promedio que tarda el calorcito en disiparse. Asegúrese de que la ropa no esté muy mojada, sino tendrá que comprar colchón en el corto plazo.
8.Comprar una secadora: Se debe tener la liquidez no solo para comprarla sino también para pagar el transporte. La otra opción es el llamado “tarjetazo” u optar por el publicitado plan de “Lléveselo solo por un Colón”, sin embargo esté consciente que le saldría más barato llevar su ropa semanalmente al “Dry Cleaning”. Recuerde pedirle al transportista que le ayude a llevar la secadora hasta el cuarto de lavado, sino va a tener que sufrir empujando tal armatoste por toda la casa. Considere que tiene que tener disponible la instalación eléctrica 220v, y sepa que su cuota mensual por recibos eléctricos va a “trepar” a más del doble.
9.Las rejillas de la refri: Este método lo dejo de último pues es harto conocido, sin embargo se ha descontinuado su uso pues las refris ya tienen algunos años de venir sin rejillas, pero si usted aún tiene una de esas, es una opción comprobada por al menos dos generaciones.

Si no le pareció ninguna opción, todavía tiene el chance de agarrar su ropita e irse para Los Carnavales de Limón, que allí dicen que si está haciendo sol.

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lunes, 29 de agosto de 2011

Epitafio a Fidel Gamboa

Maestro Fidel,
la partitura te ha marcado un silencio
Pero nosotros te seguiremos cantando,
Y así tu música habitará para siempre en el aire,
Anclada en el alma de Costa Rica.

¡Tu música! Nunca te lo dije pero no hubo una vez
Que al escucharla no me vibrara el corazón,
Y aunque te parezca extraño me hacía sentir
Que mis venas se convertían en raíces,
Que penetraban la tierra para nutrirse
De este abstracto que llamamos patria,
Provocándome un aplastante agradecimiento de ser tico.

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lunes, 15 de agosto de 2011

Mujer Infinita I


Eres mujer infinita;
primero me fuiste
cordón umbilical,
luego pecho y caricia,
después manos y brazos,
y hoy
luz de referencia.
.
Eres mujer infinita,
porque trazaste el piso inmaterial
de mi conciencia,
con un legado de palabras
y banderas
por cada punto cardinal
donde camino.
.
Eres mujer infinita
porque la vida te tejió
a la piel de mi memoria;
en cada vértice hay redes
sostenidas por tus hilos
indefectiblemente entrelazados
con mis hilos.
.
Eres mujer infinita,
porque aunque no te elegí, ni me elegiste,
deliberadamente nos tenemos para siempre,
y se convocan mutuamente nuestras manos,
cada vez,
en las esquinas
de todos los caminos.
.
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sábado, 30 de julio de 2011

El puente



Necesitaba encontrar algunos lugares cerca del trabajo y saber cuál era la mejor manera de llegar a ellos, de modo que me pareció buena idea entrar a Google Earth y tratar de buscarlos de manera virtual (ya saben: menos gasto de gasolina a cambio de aumentar el riesgo de enfermedad del túnel carpal, con unos clicks adicionales). Poco a poco me fui desplazando libremente en la pantalla de la laptop por las calles de Ciudad Cariari y Los Arcos, sin presas ni pitos desordenados, sin altos ni cedas, sin reductores de velocidad ni peatones. Es una zona de alta plusvalía, lugares residenciales por demás refinados, con casas que se venden fácilmente en precios superiores a los $250,000 dólares, por su lujo, acabados de primera, la cercanía al club y lugares comerciales, y seguridad 24/7. Allí las calles no tienen huecos o mágicamente se arreglan en la misma semana en que nacen. Con electrificación subterránea o muy discreta, y por supuesto con el placer de codearse con la muy distinguida clase social de los vecinos de al lado.

Entre los aceleronazos y frenazos de mis clicks fui a dar al río que pone límite a la parte trasera de estos residenciales. Es el río Virilla, que por cierto es el mismo que cruza el penosamente famoso “puente de la platina” (uno de nuestros espejos nacionales). Todos los que hemos pasado por allí recordamos que en esa área el río está en un cañón profundo que le provoca vértigo hasta al más osado astronauta.

Sin mojarme ni una uña crucé el río, y como Google Earth no advierte de contrastes, de repente me hallé solitario entre los masivos caseríos pobres y malolientes de Ciudadela La Carpio. Un lugar tan infortunado que alguien se vio forzado a degradar la palabra Ciudad y deformarla en Ciudadela, quizá porque está a millones de dólares de distancia de lugares como Ciudad Cariari. Es impresionante ver la densidad de “techos maltrechos” (debería existir la palabra compuesta “maltechos”), pero aún más impresionante pensar que es solo el cañón de un río lo que separa a La Carpio de Ciudad Cariari y Los Arcos. Como el río Bravo entre el sueño americano (bastante devaluado últimamente) y la narco-violencia mexicana.

¡Se imaginan la pérdida inmediata de valor que sufriría Cariari y Los Arcos si a alguien se le ocurre hacer un puente que los conecte con La Carpio! Sin siquiera dar la primera palada del proyecto y ya los precios de esas casas quedarían sumergidos en el subsuelo. El fácil paso de personas de baja estirpe, sin educación ni lustroso oficio sería condición suficiente para una debacle en el prestigio de estos residenciales.

De ninguna manera quiero que este pensamiento se convierta en un comentario clasista. Simplemente me impactó el hecho de ver cómo un puente podría cambiar radicalmente las cosas y lo que se me vino a la cabeza fue que a Dios no le importó tender un puente entre el cielo y la tierra. Se tomó la molestia de abrir un camino de doble vía. Primero decidió hacerse uno más de nosotros (Jesús), vestirse con nuestra misma piel, hacerse vulnerable a nuestras mismas emociones y necesidades; y luego se subió a una cruz para pagar en sí mismo, con extrema tortura y muerte, la deuda de nuestro egoísmo y bancarrota moral y espiritual. No le importó devaluarse para que nosotros ganáramos valor. Cambió sustancialmente su posición para que tuviéramos acceso al cielo desde la tierra.

Parece más un comentario para semana santa, pero no, cualquier semana de mi vida estaría vacía si Él no hubiera hecho el puente para cambiar mi condición. Por supuesto que sigo viviendo en este caserío llamado humanidad, con las mismas calles polvorientas de mis malas intenciones, mis botaderos de basura emocional, y goteras en el techo de mi personalidad, pero con acceso directo a los recursos del cielo para reinventarme, para cambiar el odio en perdón, el vicio en auto control, el fracaso en aprendizaje, la amargura en felicidad, la frustración en oportunidad, la excusa en responsabilidad, y la culpa en la bondad de Su Gracia; mientras me llega el día de pasarme de residencial.

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viernes, 15 de julio de 2011

Gente Reversible


No sé si aún existen, bueno, ¡qué digo! Por supuesto que deben de existir por allí, solo que ya no son moda. Quizá se pueden observar en algunos de esos videos ochenteros. Yo la recuerdo como uno de los mejores regalos que me dieran mis papás (y mamás - para que nadie se sienta excluido) en la navidad en que rondaba los 12 o 13 años: ¡una fabulosa jacket reversible!
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Hace mucho no las veo, tal vez no sean parte del closet de las nuevas generaciones, así que para quienes nunca las han visto, eran jackets que podías usar al revés o al derecho. Más bien debí decir que estaban diseñadas de manera que no había revés ni derecho, simplemente la usabas del lado que querías. Lo bonito era que un lado tenía colores diferentes a los del otro lado, de modo que tenías dos jackets en una, agregando funcionalidad y estilo a mi aspiración adolescente.
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Toda la demás ropa que he tenido es de la normal, de la que tiene derecho y revés. Con esa hay que tener más cuidado, porque nadie quiere salir a la calle con la marca por fuera. Igual muchas veces me ha pasado, quizá no al extremo de salir a la calle de esa forma, pero si cuando a mitad de la noche me despierta el recuerdo del último vaso de agua que tomé, y busco en la oscuridad, sobre el desorden de cobijas, la camiseta desaparecida; y sin prender la luz (para no despertar a los zancudos) me la pongo con los ojos aún cerrados, y llego al baño para descubrirme en el espejo en un risible estado sonambulesco, luciendo mi mejor gala de costuras por fuera.
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Y es que el revés de la ropa no nos hace lucir bien, nos muestra fuera de lugar, descuidados, despistados, incómodos y feos. Es el lado que debemos esconder pues esa parte de la tela no es tan bonita, además de que tiene un montón de etiquetas. Por ejemplo: una con la marca, otra con la composición de las fibras de la tela (50% Algodón, 50% Rayón), otra con las instrucciones de lavado (que si en agua caliente, que sin cloro, que mejor a mano, etc.), otra con las recomendaciones para el secado, otra con las instrucciones de planchado, otra con el sello de inspección de calidad, y no puede faltar aquella que dice "Made in ...". El revés también trae en algún lugar un repuesto de los botones; sin mencionar las costuras expuestas y los largos hilos que en muchos casos salen de ellas.
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Ésta comparación me desafía porque creo que soy como una de esas prendas comunes, con derecho y revés. Trato de presentar mi mejor cara, aunque lo que hay por dentro no es tan bonito. No me refiero al simple hecho de mostrar una cara alegre cuando en verdad uno anda desanimado; más bien a aspectos más trascendentales. Ejemplos tengo muchos, podría hablar de cuando le sonreímos amablemente a alguien, pero apenas se va le serruchamos el piso frente a los demás. O quizá cuando de palabra apoyamos una decisión familiar o de equipo de trabajo, pero por dentro resolvemos hacer un boicot pasivo. O cuando le decimos a alguien "claro, yo te llamo" con la plena convicción de que nunca vamos a llamarlo.
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Si ahondamos más en la comparación con el revés y el derecho de una prenda de vestir, pareciera que algunos somos expertos en hacer cosas correctas por fuera, pero con intenciones incorrectas por dentro. Disfrazamos la verdadera razón con una sonrisa, o con palabras bonitas, pero al otro lado se pueden ver las costuras e hilos sueltos de lo que realmente hay en el corazón. ¿Ejemplos? Por supuesto: Bajamos la ventana para dar dinero al indigente del semáforo pues qué va a pensar mi quienes van conmigo en el carro si no lo hago. Nos vamos a la misa o la reunión evangélica del domingo con el único motivo de cumplir con un estatuto religioso. Manejamos a la velocidad adecuada cuando sabemos que hay tráficos o cámaras. Nos ofrecemos a ayudar a una causa para que luego nos tomen en cuenta para lo que realmente queremos. Le decimos a alguien "Te amo" solo para usufructuar de la relación. Hasta vi algunos que llevan a la mamá o a la tía de paseo con la única intención de tener a alguien que se encargue de cuidar a los niños.
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Yo prefiero la gente reversible, conozco unos dos o tres en ese nivel, y cuando me comparo con ellos veo la enorme distancia que me falta por caminar, pero quiero llegar allí: Que lo que diga y muestre por fuera sea lo que hay por dentro, sin esconder nada, sin intenciones subterráneas o propósitos equivocados, sin doble moral, con integridad. Cuanta distancia me falta por caminar, pero como dijo Johnnie (el primo lejano del líder filibustero): lo importante es seguir caminando.

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domingo, 3 de julio de 2011


La noche transcurría sin altibajos, lo cual me hace presagiar que era un domingo; me senté como todos los meses a revisar los cobros de mi tarjeta de crédito antes de pagar el monto completo, para evitarme depredantes cargos por intereses. Todo iba bien hasta que, como mencionan los que han tenido experiencias cercanas a la muerte, vi pasar mi vida entera en fracciones de segundo al notar un cobro inusualmente alto en el reporte. ¡Por supuesto que solo es una expresión dramática! pero no era posible que la cuenta por la cena de hace un mes, en un humilde restaurante de comida típica de San Rafael de Coronado, ascendiera a ¢63,800 si tan solo pedí una sopa de pollo (que por cierto estaba deliciosa) con su respectiva orden de arroz y un fresco de cas.

Recordé que, como es usual últimamente, había pedido un segundo plato, pero era obvio que aún así no daban los números. Fui a buscar el voucher o comprobante en el cajón de los papeles, y para mi triste sorpresa en efecto lo había firmado por ese monto. Al día siguiente llamé al emisor de la tarjeta para explicar la situación. Después de contar la historia varias veces a personas distintas, me dijeron que no había ningún procedimiento administrativo que pudiera seguir; la firma da por aceptado el monto de cobro. La única opción era hablar con el restaurante para ver si, a pura buena voluntad quisieran devolverme la diferencia.

Varios días después, con ánimo desganado y una pesadez de escepticismo, me fui a hablar con el encargado del restaurante. Era el mismo señor que un mes antes, además de ser mesero, administraba la caja. Por los cómodos precios del lugar, muy posiblemente una venta única con ese monto era algo que sucedía poco. De hecho, no tuve que explicarle dos veces. Al ver el comprobante de cobro le fue evidente que digitó un cero más en la maquinita.

De inmediato el señor se deshizo en disculpas y gestos de pena y vergüenza. Tenía la opción de llenarse de excusas, de escudarse en que yo también me equivoqué por firmar el voucher, o incluso argumentar artificios contables para mostrarme que el dinero ya no se podía devolver. Podía haber tratado de negociar conmigo para dividir las responsabilidades y así devolverme solo una parte del dinero. Pero no, su propio sentido de justicia no se lo permitió. De forma evidentemente natural, sin pelear consigo mismo, decidió hacer lo correcto. Me dio la mano en señal de disculpa y me pidió que le diera 15 días para completar una buchaquita.

El jueves pasado me llamó al celular para que no me olvidara de pasar este fin de semana. La noche que llegué era fin de mes, y aún así había poco trabajo, solo una mesa ocupada de las 10 que tiene. No me aceptó que pagara la cena de esa noche, se sentó conmigo a contarme varias historias de su vida, y me dio el dinero completo.

Aunque la realidad de las noticias y los periódicos nos incrustan una daga de negativismo por los ojos, todavía hay muchas historias de gente que no ve a los demás como un medio, historias de gente buena, con un correcto sentido de justicia.

De mi parte cada vez que pueda me iré a comer una sopita de pollo, o un picadillo de papa, o unos gallitos de salchichón allá a “La Choza de Ñor Lalo” en San Rafael de Coronado. Y si ustedes van, no pregunten por don Lalo, pregunten por don Pedro Montoya, quien es el dueño desde hace 12 años.
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