jueves, 24 de diciembre de 2015

La noche en la que Dios se hizo vulnerable

Nada en esa noche era diferente de todas las otras noches del mundo:
Como siempre, miles de estrellas hiriendo la oscuridad profunda, como infinitas velas lejanas o gotas disecadas de la última tormenta de luz que provocara un ancestral choque de soles. 

El frío metía igual sus dedos congelados, con la complicidad del viento, por entre las ropas de la gente.

La vida y la muerte, como noche tras noche, recorrían el mundo de la mano, dejando sus canciones en cientos de partos y en cientos de partidas.

¡Y qué decir de los enamorados!  No fueron diferentes esa noche, bebiéndose el amor con la sed exacerbada de un desierto, tocándose la piel como si tuvieran bocas y lenguas hambrientas en las manos.
 
Reitero, nada era diferente esa noche:
La compañía y la soledad, como espectros en esquinas opuestas del alma humana, pintaron como siempre sus luces y sombras en los rostros de la gente.

Como todas las noches, los privilegiados se irían a dormir tras un festín de gula, mientras la desbordante mayoría disuadía la mandíbula y la tripa con algún caldo vacío.

Las mismas mareas bailando al compás de los astros cercanos.  Las mismas piedras sentadas por todos los caminos.  La misma luna tejiendo poesías en los ojos de los hombres.  Los mismos perros ladrando sin razón a las sombras.  Los mismos ademanes de los árboles cuando los toca el viento.  Los mismos ríos desbocados en la piel de sus aguas.

La única diferencia de esa noche fue el primer llanto de un recién nacido.  No porque llorara con un sonido diferente a cualquier otro niño.  Sino porque quien alguna vez dijera “que se haga la luz”, el que con su ciencia doblara y desdoblara el tiempo, y con su simple aliento le diera dirección a las esquinas del viento, lloraba por primera vez, como nosotros, los hombres.  Quizá de frío, quizá de hambre, quizá por el sobresalto de no estar ya más en el vientre de su madre, igual que nosotros, los hombres.  Fue la noche en la que Dios se hizo vulnerable.

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domingo, 4 de octubre de 2015

Hasta Nuevo Aviso

Mi mejor amigo diría: “te quedaste sin la parte más inteligente que tenías”

Un Religioso diría que “fue alguna llamada pecaminosa con mi celular lo que provocó que se manifestara la ira de Dios en su contra”

Un político diría: “Uno de los nortes de mi programa de gobierno se centra en nuestra filosofía de apertura llamada “Un Celular Para El Pueblo”, en el cual prometo darle acceso a toda la población al >Bono Celular<, y cuya misión es dotar a cada miembro de la familia costarricense con un Smart Phone que abra nuevas sendas al diálogo, a la vez que posibilite el camino para seguir siendo el país más feliz del mundo”

Un científico diría que “el cuerpo de mi celular experimentó una fuerza de aceleración de aproximadamente 9.81 metros por centímetro cuadrado, hasta que su masa colisionara con la superficie terrestre en un punto vectorial dirigido hacia el centro de gravedad del planeta”

Un poeta diría que “así como un hombre queda atado por los hilos invisibles que ejerce la despiadada belleza de la mujer, atrayéndolo hacia ella con la intempestiva fuerza del amor, hasta estrellarlo con la fatal realidad de un sentimiento no correspondido; del mismo modo y suerte, mi celular recorrió el camino entre mi pecho y el suelo, con la ilusión de besar la madre tierra, de donde alguna vez tomó todos sus elementos, pero encontró en cambio la frialdad mortuoria del pavimento”.

Un sindicalista diría: “Casualmente nuestras convenciones colectivas contemplan el pago del remplazo de celulares quebrados para los miembros de nuestra junta directiva”

Un artista de Stand Up Comedy diría de modo hilarante, en un show de 10 minutos, como se van deformando las facciones de la cara, aderezado con sonidos guturales, flatulencias, y otras reacciones varias, que suceden en los micro segundos eternos que tarda el recorrido de un celular desde la bolsa inexistente de una camisa hasta el pavimento.

En Guadalupe simplemente diríamos “se me desmadró el celular”.

Y yo solo digo: “me quedé sin celular hasta nuevo aviso”

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sábado, 29 de agosto de 2015

El Sabio de Babilonia

Cuando el mundo conocido era dominado por el avasallador Imperio Babilónico, con renombrados y todopoderosos reyes caldeos, medos, y persas tales como Nabucodonosor, Darío, y Ciro, había en el reino un sabio excepcional llamado Beltsasar.  

Su inteligencia, convicción, destreza, dominio de las lenguas, disciplina, y talentos aguzados lo habían colocado por mucho tiempo al frente de la administración del imperio, donde mantenía una reputación intachable.

Aunque él mismo no era el rey del imperio, su posición sin duda era de honor, fama, poder, riqueza, influencia y alcance internacional (si el término "internacional" calza para la época).  Indiscutiblemente debió tener una exquisita profundidad de pensamiento y magnetismo en sus palabras para que los más poderosos lo llamaran su consejero personal.

Pese a sus iluminados dotes y a su vasta carrera profesional que culmina en un puesto de distinción y privilegio, se registra en el libro que narra su historia, conocido simplemente como “Daniel”, su profundo sentido de humildad, caracterizado por el reconocimiento de lo ínfimo de sus logros, influencia, y fama frente a la inmensidad de la bondad de Dios.  Una frase que pronunció en una oración a Dios basta para ilustrar el punto: "Al hacerte estas peticiones, no apelamos a nuestra rectitud sino a tu gran misericordia".

Y yo digo: que el poquito de sabiduría que tenemos nos alcance para ver la proporción correcta de cada cosa.

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miércoles, 19 de agosto de 2015

La Señora y su Calendario

Se le incendiaba el alma de ganas por tener el calendario de los bomberos, pero su posición de señora de sociedad, madre respetable, y mujer de hogar, sumado al "Qué Dirán", hacía que a todas luces comprarlo fuera severamente inapropiado.

Elaboró entonces un plan muy poco intrincado pero si decoroso para hacerse con la suya: Provocaría ella misma un incendio en su casa. Un pre-aviso anónimo haría que los bomberos llegaran antes de que los daños fueran cuantiosos, y mientras ellos desplegaban sus unidades, se revestían con sus equipos, activaban las máquinas entre palancas y manijas, y entraban presurosos y sudorosos a la casa a luchar contra las llamas incipientes, ella se apostaría en un rincón privilegiado del frente de la casa a tomar fotos con su celular. Podría tener así nada más y nada menos que su propio calendario de los bomberos.

No le dio muchas largas, ya no podía esperar más para escoger quién sería Setiembre (el mes de su cumpleaños), así que arregló todo para llevar a cabo su plan esa misma tarde.

Todo iba sucediendo según la secuencia elucubrada en su mente, y ella, fría y calculadora, se mantenía tranquila mientras veía el humo empezar a hacer su vaporoso camino por entre las celosías de la cocina. Al escuchar la proximidad de las sirenas la adrenalina apenas se liberó en una pequeña dosis controlada, sin mayor alteración sobre su pulso seco. Cuando vio los camiones entrar por su calle se colocó muy digna a la par del arbolito de la entrada, y encuadró su celular para la primera foto. Fue allí cuando se le vio caer sobre sí misma, y pegar un grito que parecía enmudecer todas las sirenas del mundo. Se dio cuenta con histérico pavor que se le había pasado un detalle. Su celular se había quedado sin batería.

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sábado, 15 de agosto de 2015

El abrazo que iluminó las estrellas

Hace un par de semanas, quizá por la inminencia del 2do disco, de las profundidades del mar de mis recuerdos felices subió a tomar oxígeno uno en particular.  

Yo tenía la vida nueva (19 años), y una de mis canciones se había logrado colar en el Festival OTI de ese año.  La grabación la habíamos hecho el miércoles anterior en #Teletica.  En la noche del sábado pasaban el programa a las 8 pm donde los jueces decidían cuáles canciones iban a la final.  Yo me fui a verlo con mis amigos del barrio a la casa de Roberto, a 50 metros de la mía.  

Al cierre del programa, en el mismo segundo en el que los jueces anuncian que mi canción pasaba a la final, todo estalló en gritos y la emoción se desbordó por puertas y ventanas.  Mi reacción inmediata, diría que instintiva, fue correr hacia la casa de mis papás.  Para mi sorpresa mi madre había reaccionado igual, de modo que nos encontramos en la mitad del camino con la prisa atorada en la garganta, y nos fundimos en un abrazo que estoy seguro que iluminó a las estrellas de esa noche.  Ese abrazo fue luego el combustible para muchas empresas de mi vida.  Gracias ma!


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Metamorfosis Inversa

Extendió el universo sobre la palma de su mano,
y con un solo soplo le dio dimensión y estructura.
Le puso un nombre único a cada estrella.
Compuso lunas brillantes y con su índice las acercó
hasta quedar atadas con hilos invisibles a sus planetas.

Entre dos dedos marcó el punto cero de los polos de la tierra,
y con un ademán apenas sugerido la puso por los siglos a rotar.
Fueron sus ojos los que imantaron el norte del mundo.

Tejió las indescifradas fibras de su esencia,
superpuestas en precisas distancias asimétricas,
para hacer estallar la vida
en infinidad de movimientos, formas, y colores.

Y aun así,
con toda su magnificencia,
decidió disminuirse a nuestra estatura,
sin privilegios someterse a nuestros límites,
y sin atajos nacer bajo la vulnerabilidad de un niño.
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Las Botas De Santa


En lo personal me parece de mal gusto esta costumbre de Santa de andar dejando sus botas en todo lado.  Con lo caro que están los zapatos, creo que es un alardeo desmesurado.  

Además uno no le anda diciendo a sus amigos: “vea mae, hagamos una vara, te dejo este zapato mío para que me recuerdes, pero colgalo en algún lado y la próxima vez que yo venga te traigo un regalo”.  

Por otro lado, yo sé que existen los desodorantes para pies, pero al traer las botas puestas desde el Polo Norte, no debe haber desodorante que valga.

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