En la época no se usaban
apellidos, así que solo firmó como “Marcos”.
Fue amigo de uno de los testigos presenciales de los hechos que describe. Una de las escenas que narra es bastante
simple. Está uno de los más grandes maestros
que ha tenido la humanidad, Jesús, enseñando a un grupo de personas de su misma
ciudad. Cuenta que muchos al escucharlo quedaron
perplejos, asombrados de tanta sabiduría; pero unos pocos renglones más abajo
dice que Jesús no pudo hacer gran cosa allí por la incredulidad de ellos.
Sin moral para juzgar a
nadie más que a mí, me percibo tan claro en esa fotografía descrita por el
autor. Embelesado con todos los
principios de vida que enseñó Jesús, su mensaje reconciliador, su visión de la
vida, sus señalamientos sobre la injusticia social y religiosa, y hasta cómo
enfrentó la muerte. Sin embargo eso se
queda tantas veces en un simple ejercicio de asombro intelectual, sin hacer el
respectivo “download” de ese material al corazón. Porque al final es en el corazón donde se
producen los cambios significativos de una persona. Es el corazón el que cree, el que confía, el
que abraza la esperanza.
¿Estarás vos también en esta
foto?
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